Escudero, Laura2019-09-252019-09-252017-02-2220142250-5415http://hdl.handle.net/20.500.12424/163652"Si algo pasa en El erizo es que todo admite suspicacias. Las cosas no son como parecen. Y esa es la posición del lector: un lugar de extrañamiento. Si la propuesta del hilo conductor del Ciclo de Cine y Psicoanálisis de la Universidad Nacional de Córdoba, del cual se desprende este escrito, es “Encuentros” 1 , ¿qué hay en ellos de “no-encuentros”? Tanto en la película como en la novela hay dos personajes que llevan sobre sí la narración: Renée, la portera y Paloma, la niña de doce años. La portera se oculta bajo el disfraz de simplona pero no se lo cree. La niña busca una respuesta: por qué merece la pena vivir. Están por los mismos lugares pero no se encuentran hasta que aparece Ozu (Togo Igawa), que es un señor muy particular, con la sensibilidad de oriente. Ozu es “gesto” que deja el cuerpo: una sonrisa, por ejemplo."spaWith permission of the license/copyright holderSuspicionMeetingsNo-meetingsBioethicsCommunity ethicsLifestyle ethicsEl Erizo: de encuentros y no-encuentros [The Hedgehog: of encounters and non-encounters]Article