Denker, Jürgen2019-09-252019-09-252016-08-1319820326-7637http://hdl.handle.net/20.500.12424/155940"¿Ustedes conocen a este predicador vagabundo que se llama Jesús? Bueno, él contó el otro día una historia que me dio que pensar y que voy a repetir ahora. El piensa que en nada se puede obligar a Dios, ni por la rígida observancia de la tora, ni por la lucha de guerrillero. Dijo él que el Altísimo, bendito sea, iba a instalar su gobierno cuando a El le plazca. Que éste, su gobierno crece automáticamente. Con el reino de Dios sucede como con aquel hombre que siembra semilla en la tierra: que tanto si duerme como si está despierto, lo mismo de noche que de día, la semilla nace y crece sin que él sepa cómo. Y es que la tierra produce por sí misma; primero brota una hierba, luego se forma la espiga, y más tarde los granos que llenan la espiga. Y cuando el grano está maduro lo recoge porque ha llegado el tiempo de la cosecha. (Me. 4, 26-29)."spaWith permission of the license/copyright holderKingdomempireinjusticeTheology and Latin American ChurchIntercultural and contextual theologiesLatin American theologiesBiblical TheologyNew TestamentBiblical hermeneutics, Interpretation of the BibleEl reino reclama la entrega [The kingdom claim delivery]Article