Santander, Jesús Rodolfo2019-09-252019-09-252009-01-21200018704662http://hdl.handle.net/20.500.12424/172540Si por un lado Ludwig Wittgenstein piensa y escribe en su Tractatus logico-philosophicus (1921) sobre las cuestiones últimas de la filosofía, por el otro, se da a sí mismo una filosofía que solamente le autoriza a hablar –y esto allí significa también: sólo a pensar- sobre los objetos de la ciencia, pero nunca sobre las cuestiones metafísicas que le interesan y sobre las que de todos modos escribe desoyendo su propia recomendación, pues no pudo serle tan sencillo reprimir el impulso filosófico con una estrecha lógica del entendimiento y menos aún un instinto como el suyo, que se nutría con la lectura de Tolstoi y de Dostoievski, con el estudio de Platón, Agustín, Spinoza, Schopenhauer y Kierkegaard. Así, el silencio que recomienda el filósofo de cara a lo metafísico no podrá dejar de despertar cierto asombro en el lector que aborda la lectura del Tractatus logico-philosophicus y no sería de extrañar que se pregunte por el sentido de ese negarse a dar la palabra a las cuestiones filosóficas esenciales. A esa pregunta, quizás podría darse la respuesta que esbozo a continuación.spaWith permission of the license/copyright holderPhilosophyontologyethicsMethods of ethicsPhilosophical ethicsEL SILENCIO DE WITTGENSTEINArticle